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ORIGEN DE LAS ESPECIES

La mayoría de los científicos considera que las variedades de pelo corto del gato doméstico derivan del gato Felis libyca, una especie de gato salvaje africano domesticada por los antiguos egipcios, quizás ya desde el 2500 a.C., y transportada por los caballeros de las Cruzadas a Europa, donde se mezclaron con los gatos salvajes autóctonos más pequeños. Las razas de pelo largo podrían descender del gato salvaje asiático (Felis manul). A través de los siglos, el gato ha mantenido prácticamente el mismo tamaño, con un peso aproximado de 4 kg al completar su desarrollo, y han preservado su instinto para la caza solitaria.

 

Fisiología del gato

Aterrizaje a cuatro patas Cuando los gatos sienten que su cabeza no está derecha se enderezan sin pensarlo. Por esta razón, cuando se arrojan o caen desde una cierta altura, aterrizan sobre sus pies sea cual sea su posición. La flexibilidad de la columna les permite girar en el aire relajando los músculos y minimizando el impacto de la caída. Los cachorros recién nacidos que no han abierto los ojos no caen con igual gracilidad ya que carecen del reflejo que coordina las señales de los ojos y el oído medio.

El cuerpo de un gato doméstico es extremadamente flexible: su esqueleto está formado por más de 230 huesos (el esqueleto humano, aunque es mucho más grande, sólo contiene 206 huesos), su pelvis y hombros están unidos a la espina dorsal con mucha más holgura que en la mayoría de los cuadrúpedos. La gran habilidad que tiene el gato para saltar se debe, en parte, a su poderosa musculatura. La cola le da estabilidad cuando salta o cae.

Garras de gato extendidas o retraídas En posición normal, el tendón que liga las garras del gato está relajado, permitiendo que la uña se retraiga bajo la piel. Cuando tensa el tendón se contrae el músculo y la uña aparece sobresaliendo de la zarpa.

Las garras del gato están diseñadas para capturar y sujetar a su presa. Las uñas, afiladas, curvas y retráctiles, están enfundadas en una almohadilla suave y curtida al final de cada uno de los dedos de las patas y las saca para pelear, cazar o trepar. El gato marca su territorio arañando y dejando su olor en árboles u otros objetos; sus uñas dejan arañazos visibles y las glándulas odoríferas de las almohadillas su olor

Los dientes del gato tienen como fin morder, no masticar. Los poderosos músculos de su mandíbula y sus afilados dientes le permiten dar un mordisco mortal a su presa.

 

Sentidos

La vista del gato está excepcionalmente adaptada a la caza, especialmente de noche. Tiene una excelente visión nocturna, visión periférica muy amplia y una visión binocular que le permite calcular distancias con exactitud. La visión diurna del gato no es tan buena como la de los humanos; los gatos ven el movimiento con mucha más facilidad que el detalle y se cree que sólo pueden ver una gama limitada de colores.

El gato tiene un oído extremadamente sensible. Puede oír una amplia escala de sonidos, incluso los ultrasónicos. Su sentido auditivo es menos sensible a las frecuencias bajas, lo que podría explicar por qué algunos gatos domésticos son más receptivos a las voces femeninas que a las masculinas. El gato hace girar las orejas independientemente para concentrarse en diferentes sonidos.

El olfato del gato está muy desarrollado, juega un papel vital en la búsqueda de alimento y en la reproducción. Muchas de las señales sociales de los gatos domésticos toman forma de olor: por ejemplo, los machos, aparentemente, pueden oler una hembra en celo a centenares de metros.

El gato tiene el sentido del gusto especializado de una manera peculiar: tiene poca capacidad para detectar lo dulce, pero es muy sensible a ligeras variaciones en el sabor del agua. La lengua del gato está cubierta de protuberancias ásperas, o papillas, que utiliza para raspar la carne de los huesos. También utiliza la lengua para limpiarse.

Los bigotes o vibrisas, son muy sensibles al roce más leve y los utiliza para advertir obstáculos y notar cambios en el entorno; con poca luz le sirven para encontrar el camino.

 

Reproducción

El gato doméstico alcanza la pubertad alrededor de los nueve o diez meses de vida. Una gata sexualmente madura tiene el celo, o estro, varias veces al año; durante el celo es, a la vez, receptiva y atractiva a los gatos. El periodo de gestación es de unos 65 días y la camada habitual de 4 cachorros. Los gatitos nacen sordos, ciegos y desvalidos; abren los ojos a los 8 o 10 días de haber nacido y el destete comienza a las 6 semanas de vida.

 

Colores del pelaje

El color original del pelaje del gato doméstico era probablemente castaño grisáceo con manchas más oscuras, color que proporciona un camuflaje excelente en varios entornos. El resto de colores y dibujos son el resultado de mutaciones genéticas; por ejemplo, los pelajes de colores sólidos, como el negro o el azul, se deben a un gen que suprime las franjas; el pelaje rojizo a un gen que transforma el pigmento negro en rojizo, y el pelaje blanco es el resultado de un gen que suprime completamente toda formación de pigmento.

Dos pigmentos, el negro y el anaranjado, forman la base de todas las coloraciones del gato doméstico moderno. Estos pigmentos se pueden combinar entre sí o con blanco (ausencia de pigmento). Un solo gen, el gen O (de orange, anaranjado en inglés), determina si el pelaje de un gato contiene pigmento anaranjado o negro. Podemos imaginar el gen O como un interruptor que está encendido (pigmento anaranjado) o apagado (pigmento negro). Este gen está situado en el cromosoma X, por lo que su herencia está relacionada con el sexo.

 

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